miércoles, 6 de mayo de 2009

México te entra por la boca...




Sólo para que sufras, sólo para que te des cuenta que México te entra por la boca, por la nariz, por los ojos y por los dedos: imagina tortas ahogadas, tacos al pastor, chilaquiles. Pa’ que amarre la cruda una cervecita bien fría, Sol, Victoria, Tecate, Dos Equis, Corona, Negra Modelo, Superior. Barbacoa de hoyo, tacos de nana, buche y nenepil, pancita, tacos de sesos, tortas de queso de puerco, moronga, chorizo verde de Toluca, guacamole, salsa verde, salsa de chile habanero, salsa roja, salsa borracha, no pueden faltar los tlacoyos, para los más fanáticos pulque de Apán, tierno y fresco para hacer alacranes victoriosos en una borrachera de mediodía en la ciudad más grande y contaminada del mundo, ni las memelas de Arboledas, ni el Vuelve a la Vida del mercado de San Pedro de los Pinos, ni la pancita, ni el consomé del mercado de Martínez de la Torre en la colonia Guerrero, corazón de boxeadores y danzoneros, ni la birria de La Polar, ni los escamoles, ni el platito de mole que es tan dulce y picante como el amor, ni el mole verde, ni el mole negro, ni la carne adobada, ni el puerco en chile pasilla, ni los chiles rellenos, ni el pozole de camarón, ni las tostadas de pata, ni las rajas con crema, ni los huevos ahogados, ni el pescado en hoja santa, ni las almejas de Zihuatanejo, ni la sopa de tuétano, ni el caldo tlalpeño, ni las habas, ni los frijoles con arroz blanco, tortillas de harina y queso fresco, ni los tacos de ojo, ni el caldo de indianilla, ni las flautas, ni el chicharrón en salsa verde, ni las quesadillas de hongos, ni las quesadillas de papa, ni la sopa de flor de calabaza, ni el sacahuil en Papantla, ni las garnachas, ni las pellizcadas, ni los tamales estilo Guerrero, ni el relleno negro, ni el queso relleno, ni los frijoles refritos, ni la crema de elote, ni los tamales oaxaqueños, ni los tamales de chile verde , ni los de rajas, ni el atole, ni el pozole verde, ni el cabrito, ni los ostiones, ni el abulón, ni el cayo de hacha, ni la langosta, ni el pescado capeado, ni el cóctel de camarones, ni los camarones al ajillo, ni la machaca, ni el jugo de caguama, ni los tacos de langosta, ni los tacos de camarón, ni los tacos de canasta, ni los nopales, ni el arroz con pulpo, ni las enchiladas suizas de Sanborns, ni las gringas que no son de Ohio sino de tortillas de harina con queso Chihuahua, ni la cecina, ni los chiles en nogada, ni la carne a la tampiqueña, ni las carnitas estilo Michoacán, ni el pescado a la veracruzana, ni la cochinita pibil, ni el fríjol negro con puerco, ni los tacos de pescado con jitomate, cebolla y chile serrano, ni el lechón en pan francés, ni la sopa de pescado, ni las migas, ni los camotes de Puebla, ni la jiricalla tapatía, ni los chongos zamoranos, ni el ate de Morelia, ni el agua de jamaica, ni el agua de horchata, ni el agua de tamarindo, ni el agua de limón, ni el agua de jamaica, ni el agua de sandía, ni el agua de melón, para eso Dios inventó “la michoacana”.
—La patria es pura comida.

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